2 octubre, 2026

Mercado laboral bajo presión: la desocupación subió al 7,9% y ya afecta a casi 1,8 millones de argentinos

El último informe del INDEC sobre el mercado de trabajo expone un escenario complejo entre abril y junio de este año. Aunque la economía genera algunos puestos de manera marginal, la calidad del empleo se deteriora con fuerza: crece la informalidad, avanza la precarización y los grandes centros urbanos sufren el impacto más severo.

El freno que experimentó la actividad económica general durante el segundo trimestre del año comenzó a dejar marcas profundas en el tejido social. De acuerdo con el informe oficial de Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH) difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tasa de desocupación a nivel nacional se ubicó en el 7,9%.

Este guarismo representa un leve incremento frente al 7,8% registrado en el primer trimestre y al 7,6% reportado en idéntico período del año anterior. Sin embargo, detrás del porcentaje plano se esconde una realidad cuantitativa contundente: en términos absolutos, el universo de personas que buscan activamente un empleo y no lo encuentran asciende ya a casi 1,8 millones de argentinos distribuidos en los 31 aglomerados urbanos que mide el organismo estadístico.

Más presión demográfica y tensiones en la oferta

Durante el período bajo análisis, la tasa de actividad —es decir, la porción de la población que trabaja o busca activamente hacerlo— trepó al 48,9%, mientras que la tasa de empleo se situó en el 45,0%.

Analistas y economistas coinciden en que el leve incremento en el índice de desempleo no responde estrictamente a un colapso masivo o repentino de la demanda de puestos por parte de las empresas, sino a un fenómeno de mayor presión en la oferta: ante la pérdida de poder adquisitivo generalizada y el encarecimiento del costo de vida, más miembros de los hogares se vieron en la necesidad de salir al mercado laboral a buscar ingresos de emergencia, tensionando una estructura que ya mostraba signos de fatiga.

Radiografía de la precariedad: el avance de la informalidad

Quizás el dato más alarmante que revela el estudio oficial no sea el volumen de la desocupación, sino la degradación en la calidad de los puestos existentes.

Mientras los sectores tradicionales y formales —con la industria manufacturera y la construcción a la cabeza— continúan ajustando planteles o congelando contrataciones, la creación neta de puestos de trabajo se volcó de manera desproporcionada hacia el circuito informal. Según las mediciones sectoriales, la tasa de informalidad laboral escaló hasta alcanzar el 45% de los ocupados, evidenciando una retracción de los empleos registrados y con aportes de ley.

Especialistas en materia laboral señalan que el mercado está experimentando un proceso de “recomposición hacia abajo”: ante la destrucción de empleos asalariados protegidos, una masa importante de trabajadores pasa a engrosar las filas del cuentapropismo de baja calificación, changas, changarines y servicios de plataforma (como aplicaciones de transporte o reparto), actividades que proveen ingresos de subsistencia pero carecen por completo de estabilidad, obra social, aportes jubilatorios y paritarias.

Desigualdad geográfica y etaria

El impacto del desempleo dista de ser homogéneo en el mapa de la Argentina. Como es habitual en contextos de contracción, los grandes aglomerados urbanos de 500.000 habitantes o más sufrieron con mayor intensidad el flagelo, registrando un promedio de desocupación del 8,3%, frente al 6% detectado en localidades de menor densidad demográfica.

A nivel regional, áreas específicas del conurbano bonaerense y grandes centros como el Gran Rosario volvieron a ubicarse en los escalones más altos de exclusión laboral, superando holgadamente los dos dígitos en varios tramos del conurbano. Asimismo, el informe sectorial volvió a poner de manifiesto la vulnerabilidad estructural que padecen los jóvenes —en especial las mujeres menores de 29 años—, quienes continúan encontrando barreras críticas para inserciones laborales formales y de calidad en el actual escenario macroeconómico.